miércoles, 17 de mayo de 2017


EMBRUJO ANTILLANO
LA EXPERIENCIA SALSERA NOS LLEVÓ POR DISTINTOS CAMINOS....SIEMPRE AL COMPÁS DE LA CLAVE....1,2,3


El jazz lo prefiero a otros tipos de música por su vitalidad y la posibilidad única que ofrece a un instrumentista de improvisar, es decir, crear algo nuevo en el mismo momento en que lo ejecuta, en vez de limitarse a leer lo que otros escribieron. La libertad es uno de los postulados esenciales del jazz. - Leonardo Acosta.
Para el 1943, como documenta el escritor Max Salazar de la revista Latin Beat, Bauzá desarrolló el tema Tanga partiendo de la introducción del piano para el tema El Botellero de Gilberto Valdés y componiendo la melodía con acordes de jazz y de la rumba, ésta fue la primera composición de jazz afrocubano, que hoy conocemos com Latin Jazz. Machito grabó esta pieza en el 1947 con lo que dio inicio al movimiento jazzístico conocido como Cu-Bop.
Hoy traigo un documento muy completo cortesia de la Revista la Lira en nombre de su director Diógenes Royet Gonzálezs
Muchas gracias Diogenes.
Machito, leyenda en el Jazz Latino:
El Alma Dance Studio conocido como Palladium estaba ubicado en el número 1692 de la avenida Broadway, en pleno centro de Manhattan. Cerca del gran salón de baile, a tan sólo 200 metros de ahí, estaba el Radio City Music Hall, y a 300 metros el Carnegie Hall. A pesar de que el Palladium era un inmenso local de dos plantas con una barra de bar de 20 me¬tros por 5, para el año de 1947 estaba en total decadencia. No sólo aplastado por el esplendor de los locales vecinos, sino porque los Big Bands Americanos así como los ritmos del Swing, esta¬ban entrando en el ocaso y perdiendo su atracción en las pistas de baile. La gente se había entusias¬mado con los novedosos ritmos que comenzaban a sonar, y olvidándose de los manidos ritmos de principios de siglo.
Ahora, nuevas alternativas musicales trasto¬caban la veterana tradición y desafiaban al viejo estilo gringo con impresionantes fusiones de jazz improvisado y música latina. Especialmente la cubana era la que más destacaba con sus ritmos afro y su estilo tropical. Hacía ya más diez años que muchos músicos cubanos habían emigrado a tierra firme llevándose consigo nuevas visiones polifónicas y tratamientos sonoros. Entre aque¬llos viajeros se hallaba Machito, un músico pro¬fesional que, en Octubre de 1937 se embarca para Nueva York a probar suerte.
Francisco Raúl Pérez Gutiérrez, Frank Grillo o simplemente “Machito”, como se le llama en el mundo musical latino, es sin duda uno de los personajes más importantes de lo que hoy se co¬noce como el Jazz Latino o Latin Jazz. Su apor¬te a este estilo musical fue determinante. Fue su impulso y su desarrollo, al igual que su cuñado, Mario Bauzá, un compositor cubano, arreglista y multi-instrumentista extremadamente talentoso.
Machito nació en La Habana, en una fecha inexacta. Decimos esto porque en torno a su fe¬cha de nacimiento se presentan muchas versio¬nes. Distintos autores en diferentes libros y pági¬nas de internet presentan datos disímiles: se dice que nació en 1906, 1908, 1909 o en 1912, un 16 de febrero o un 3 de diciembre, pero siempre en el mismo barrio Jesús María de La Habana, Cuba. Era hijo de Marta y Rogelio quien laboraba en los ingenios de La Habana, aunque se comenta también que su padre era un fabricante de haba¬nos. Machito creció escuchando jazz y música popular cubana. Comenzó a cantar a temprana edad, aún adolescente, inspirado por el hecho de haber presenciado en vivo al “Sexteto Habanero” en unos carnavales citadinos por los años veinte. Incursionó en un primer momento cantando y to¬cando maracas en el “Sexteto de Miguel Zabala”. A los 22 años ya era experto maraquero en el “Sexteto Sones de Occidente” de María Teresa Vera, y cantaba también como segunda voz de Abelardo Barroso en el “Sexteto Nacional” de Ignacio Piñeiro. Así mismo se desempeñaba en el “Sexteto Universo” y en el conjunto “Jóvenes Redención” al lado de Mario Bauzá. Es a partir de ese momento que Mario y Machito se tornan muy amigos. Comparten ideas, convicciones y gustos, incluso el amor de Estela, la hermana mayor de Machito quien, en 1936 contrae matri¬monio con Mario Bauzá. Ambos amigos perma¬necerán juntos durante muchas décadas, creando y revolucionando el mundo de la música latina y del jazz.
El primero en emigrar a tierra norteamericana fue Bauzá. Sale de Cuba en 1930 con la Banda de Don Aspiazu con quien se radica en Nueva York. Allí comienza como trompetista del Cuarteto de Antonio Machín y luego pasa 10 años como trompetista y arreglista de las orquestas de jazz de Hy Clark, Chick Webb, Don Redmond y Cab Calloway. Luego se va Machito, en 1937, do¬miciliándose en Harlem, en la esquina conocida como “La loma del azúcar”. Allí residían, nada más y nada menos que Louis Amstrong, Duke Ellington, Count Basie y Fletcher Henderson, con quienes compartió provechosos momentos aprendiendo los sones del Jazz y su parentesco con la música Cubana. Ese mismo año empieza a cantar en la Orquesta “La Estrella Habanera” y al año siguiente con la Orquesta de Alberto Iznaga. Entre 1938 y 1939 graba con el “Conjunto Caney” y la “Orquesta Hatuey”. Fue cantante de las famosas Orquestas del portorriqueño Noro Morales, del catalán Xavier Cugat y la del funda¬dor del legendario “Cuarteto Caney”, el cubano Fernando Storch. Con esta última también realiza grabaciones.
Mientras tanto, Mario Bauza soñaba con fusio¬nar dos géneros musicales: el Jazz que se escu¬chaba por los rincones de Norteamérica y el Son Cubano, los sonidos de su tierra. Le transmite su ambición a Machito quien la comparte a pleni¬tud. Así, dedican todo su tiempo libre a trabajar en esa idea la cual Bauzá ya había bautizado como “Afrocubano”, un término que reflejaba lo que esa peculiar combinación significaba para él. Cuando en 1939 se sienten preparados para presentar su novedosa propuesta musical, Mario y Machito intentan formar una orquesta, pero no llega a concretarse. Sin embargo continúan en su afán y Mario, por su parte, consigue grabar con los mejores músicos de Jazz de los Estados Unidos, entre ellos Noble Sissle, Cab Caloway, Don Redman y Fletcher Andersen; también tra¬baja como director musical de Chic Webb.
Poco tiempo después, en 1940, Machito y Bauzá logran ensamblar una Orquesta a la que nombran “Machito y sus Afrocubanos”. Sus integrantes fueron: Machito en maracas y clave; Mario Bauzá en el Saxo alto y trompeta; René Hernández en el piano; Roberto Rodríguez en el contrabajo; Luis Miranda la conga; José Mangual el bongó; Ubaldo Nieto los timba¬les; Bobby Woodlen la trompeta; Frank Dávila, Gene Johnson y Fred Skerritt con Saxos altos; José “Pin” Madera con el Saxo tenor; y Leslie Johnakins con el Saxo barítono. Una impresio¬nante presentación de la nueva Banda, efectuada un 3 de diciembre, deja al público de Nueva York boquiabierto.
En los tardíos años 30, la tendencia que estaba sonando era el Be-bop, una nueva alternativa del jazz que sólo se podía escuchar (música cerebral), sin que contuviera algún complemento bailable. Era buena, pero hacía énfasis en el des¬taque de los instrumentistas y no en la melodía en sí. Era música para músicos.
Por eso, con la implementación de los ritmos tropicales sobre los Jam de jazz, se crea la
atmósfera ideal que se necesitaba para ese momento de la historia, revolucionando el paradigma musical. “Esta orquesta, gracias a su director Mario Bauzá, (...) realiza el matrimonio de los ritmos Cubanos con las armonías y giros del jazz de vanguardia de los 40 el Be-bop. A este movi¬miento musical iniciado en la banda de Machito se le llamó Cu-bop en sus orígenes, (El Cu-Bop fue un experimento de fusión creado en un inicio por Luciano Chano Pozo), luego afro cuban jazz y hoy lo conocemos como latin jazf'.
Mientras todo esto ocurría, como comentára¬mos en un inicio, el salón de baile Palladium se venía abajo por la poca afluencia del público nocturno en busca de buenas fiestas. Por esta razón, su administración decide ensayar con las nuevas bandas latinas en vista de su creciente fama. De esta manera se inaugura oficialmente, por suge¬rencia de Mario Bauzá, el Blen Blen Club, como el nombre del exitoso tema compuesto por Chano Pozo; un matinée bailable de dos de la tarde a nueve de la noche todos los domingos, bajo la batuta de la orquesta de Machito & his Afro- Cubans. “Al año de este experimento músico- comercial, el Palladium estaba exclusivamente consagrado a la música afrocubana y latina”. El local creció como espuma y al poco tiempo, cien¬tos de personas se agolpaban en las puertas por falta de espacio en su interior.
Nicolás Ramos Gandía nos hace un exhaustivo comentario acerca de la composición instrumental y de sus usos sobre este género musical: “El jazz-band latino, como su nombre lo indica, es una orquesta de jazz dedicada a tocar ritmos caribeños con arreglos de orientación jazzística, pero con el sabor percusivo de Cuba. Estas bandas consistían en una sección de vientos compues¬ta por trompetas, saxofones y trombones (Tito Rodríguez suprimió estos últimos), y una sección rítmica de piano y bajo. La variante con respecto a las orquestas americanas ocurría en la percu¬sión, la batería americana era sustituida por el trío conformado por la tumbadora (conga), el bongó y el timbal. Este trío percusivo será un componente imprescindible en todas las orquestas de Salsa hasta el día de hoy (...). El bongó era un instrumento insustituible en la música caribeña desde los primeros grupos de Son donde el solo reforzado por el golpe de la clave se convertía en el único apoyo rítmico. La tumbadora era un instrumento que pertenecía a la Rumba y fue in¬corporada al Son por Arsenio Rodríguez a prin¬cipios de la década del 40, una vez que concibió la estructura del Conjunto, la agrupación revolu¬cionaría todo el desarrollo posterior de dicho género. La tumba, en lo que concierne al jazz-band latino llega por vía de Chano Pozo, creador de los nuevos giros rítmicos en el jazz gracias a sus trabajos a fines de los años 40 con Dizzy Gillespie (...). El timbal bajo la influencia de Puente sería utilizado como un instrumento para unir la banda con la sección de la tumba y el bongó. Puente le dio jerarquía de instrumento protagónico (solista) -lo sacó del fondo de la orquesta y lo puso al frente con los cantantes- gracias a sus ejecuciones espectaculares, convirtiéndolo así, en un instrumento fundamental en las orquestas de Salsa.
En Cuba con la transformación de la Descarga Cubana en un Jam jazzístico a mediados del 50, músicos como Guillermo Barretto utilizan el timbal no con el criterio cubano del danzón, sino con el americano de la batería en el Jazz. Estos trabajos le dieron una nueva perspectiva percusiva al timbal dentro de la música caribeña”
Al año siguiente, en 1941, Machito abre las puertas del elegante club “La Conga” en el cual toca durante cuatro años. Luego el mismo año, durante una sesión en la que participó Tito Puente, un joven baterista de nombre aún desco¬nocido, Mario y Machito realizan sus primeras grabaciones como solistas conocidas como Sopa de Pichón y Tingo Talango, todo un éxito en el mercado latino. Desde ese año hasta 1976, Bauza fue el director musical de la banda de Machito, apoyándolo y guiándolo en todos sus pasos. Luego de una serie de sencillos para el sello Decca, comienza una fructífera carrera para la leyenda del Latin Jazz.
En 1942 llega a Nueva York la heimana menor de Machito, quien había estado por cinco años con la Orquesta Anacaona, integrada sólo por mujeres. Graciela Pérez participó en la banda de Machito por más de veinte años como una de las vocalistas principales. Luego el 29 de mayo del 43 grabaron el tema Tanga, el cual es conside¬rado el primero del Latin Jazz o el Jazz Latino, como prefieran denominarlos los distintos es¬critores, músicos y amantes de este género. Los Afrocubanos realmente comenzaron a conocer¬se a nivel mundial justo después de terminarse la Segunda Guerra Mundial. El 24 de enero del 47 se presenta de manera oficial a la sociedad Neuyorkina el Jazz Afrocubano en el Town Hall de la ciudad. En esa oportunidad, Fred Robbins, incluyó a los Afrocubans de Machito en la pre¬sentación que haría esa noche Stan Kenton. Dos semanas después de esa arrebatadora noche, la banda de Stan Kenton, grabó un tema titulado Machito, en la que él mismo participó. Machito tocando las maracas grabó con la orquesta de Kenton el tema The Peanut Vendor y Cuban Caníbal y, asimismo, grabó apasionantes piezas para Mercury y Clef. Luego en el 48 grabó con Charlie Parker el álbum Mango mangue y el me¬morable tema No Noise. Entre los discos de 1949 están: Afrocubop para el sello Spotlite y Cubopo City con el sello Tumbao. Posteriormente produ¬jo Mambo Inn y Mambo Sentimental en 1952, y en el 54 Mambo América. Después Kenya: Afro Cuban Jazz en el 57 y El As de la Rumba en el 58. Durante todos esos años de exitosa cosecha, los Afrocubanos junto a Machito y Mario trabajaron y grabaron con los más notables exponentes del Jazz. Entre ellos Stan Kenton, Dizzy Guillespie, Charlie Parker, Flip Phillips, Cannonball Adderley, Buddy Rich, Harry “Sweets” Edison, Curtis Fuller, Johnny Griffin y Herbie Mann.
Las giras comenzaron en 1962. Machito y sus Afrocubanos tocaron en las principales ciudades del Japón por tres meses y acompañaron al año siguiente a Miguelito Valdés y su banda. Durante la primera mitad de los años 60, las flautas y los violines dominaban la nueva explosión rítmica de la charanga y la pachanga, pero Machito continuó fiel a su estilo grabando discos con su característi¬co sonido de cañas y bronces. Entre 1965 y 1969 surge la fiebre del boogaloo y de allí en adelante es predominante la presencia de pequeños grupos musicales que utilizaban el formato del conjunto típico que condujo más adelante al gran boom de la salsa. En 1967 firma con la disquera Cotique, y produce el disco Soul of Machito, el cual contie¬ne los éxitos Cuatro Patas y Que Música Lmda. Y posteriormente, el 5 de enero de 1975, la ban¬da interpreta en vivo junto a Dizzy Guillespie y Chico O’Farrill, la suite Oro, Incienso y Mirra, original de O’Farril en la Catedral de San Patricio de Nueva York. Poco después grabaría Machito junto al mismo Gillespie el álbum Afro Cuban JazzMoods. Sus tres últimas producciones disco- gráficas las realizó para el sello Pablo y Timeless en Holanda en 1982 y dos años después, le fue otorgado el premio Grammy en la categoría de Mejor Grabación Latina por el disco Machito and his Salsa Big Band' 82. Lamentablemente otra vez, dos años después, Machito sufre un ata¬que al corazón durante un concierto en el Ronnie Scott’s Club en Londres, y fallece 5 días después luego de sufrir una trombosis cerebral, un 16 de abril de 1984. A los tres años de su muerte, Carlos Ortiz estrena un documental en su honor conoci¬do como Machito, A Latín Jazz Legacy, con la participación de Dizzy Gillespie, Ray Barreto y Tito Puente. Se estrenó en Noviembre de 1987 y fue transmitido en las Islas Británicas en el famo¬so Canal 4, en enero de 1989.
La influencia de Machito y su banda fue con¬tundente en el mundo de la música latina y el jazz. Su gran aporte fomentó las raíces de nuestra cultura musical tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, difundiendo básicamente el híbrido musical que se gestó de la fusión del Jazz con los ritmos Cubanos y caribeños de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Las orquestas de Tito Puente y Tito Rodríguez siguieron cla¬ramente la pauta de los Afrocubans: un sonido “pesado” al estilo de las Big Bands americanas, pero con el sabor del ritmo y la percusión cubana. Tocando regularmente en el Palladium de Nueva York, la banda de Machito creció en popularidad durante la locura del Mambo de 1950, sobrevivió a los violentos disturbios y al trastornos sociales y políticos de los años 60, y mantuvo su frecuen¬cia productiva entre los años 60, 70 y principios de los 80, cuando ya el término “Salsa” comenza¬ba a ser utilizado. Machito fue director, cantante e intérprete de la maraca de su propia orquesta. Durante casi 50 años Francisco Grillo (Machito) cantó, grabó, compuso, dirigió, tocó sus maracas y dejó un legado musical extraordinario para to¬dos los amantes de los ritmos Afro-Cubanos, ja- zzísticos y Latinos. Entre los ritmos que confor¬man su repertorio tenemos: Mambo, Guaracha, Conga, Afro y Bolero, grabados en muchas casas disqueras durante todos esos años, como: Verve, Mercury, Seeco, Tico, RCA, Cotique, Tímeless, Palladium, Roulette, Pablo y Crescendo. Es la leyenda más entrañable del Jazz Latino o el Latirnjazz; el padre del cubop y del ritmo afro- cubano, al igual que su inseparable compañero Mario Bauzá, del cual merece ser subrayado que este genial músico cubano aporta gran parte de su vida, conocimiento y experiencia para crear las bases del Jazz Latino y fue el padrino musi¬cal de dos de las más destacadas estrellas de jazz de la historia: Ella Fitzgerald y Dizzy Gillespie. En el caso de Gillespie, la influencia de Bauzá y la relación de éste con la música latina perdu¬rarían hasta sus últimos discos en los años 90. Posteriormente, el hijo de Machito, Mario Grillo, sustituiría a Bauzá en el puesto, continuando con el legado y el milagro musical.
Algunas de las fechas de los discos que Machito grabó durante su trayectoria musical nos las ofrece Sergio Rendón Ángel en el articulo Machito, escrito para Latina Stereo 100.9 FM, 100% SALSA en Medellín, Colombia: “De algunos temas de Machito se conoce la fecha de grabación , y de algunos de ellos varias versiones entre los que tenemos: “mango mangue”, grabado el 20 de diciembre de 1.948; “mambo” grabado el 21 de diciembre de 1.950; Los temas “Bucabu”, “One o’clock laep” de febrero 11 de 1.949,; “Blen blen blen”, “Si si no no” que dura 7 minutos veinte segundos y “Vacilando” grabados el 19 de marzo de 1.949; “Llora timbero”, “Si si no no” que dura 8:26 y “Howard’s blues” de mayo 29 de 1.949; “Cubop City”, ”El rey del mambo” y “Bop champagne” grabados el 2 de abril de 1.949. Para la época se grabaron cuatro versiones de “Tanga”: Noviembre 14 de 1.950 dura 5:29, Junio de 1.951 dura 6:38, Noviembre 10 de 1.951 con una duración de 7:23 y la cuarta versión dura 4:57 y se grabó el 17 de noviembre de 1.951. Y de 1.951 también son las grabaciones “babaratiri”, “Mambo picao”, “Holliday mambo”, “Carambola” y “Picadillo”.
oKIS DISFRUTEN ESTA LECTURA.

martes, 10 de enero de 2017


LA HISTORIA DE MARÍA MOÑITOS

TRAVESTIRSE: Dícese de quien se viste con la ropa del sexo opuesto. En este punto es necesario hacer una digresión acerca de la práctica de travestirse, de ser travestido, de ser travestí y de ser homosexual. No necesariamente el hecho de ponerse vestido de mujer hace de un hombre un travestido en el sentido de homosexual con el que usualmente utilizamos el termino. Lo que ocurre con las llamadas "viudas de Joselito", nos puede ilustrar cuando vemos que por fuerza del peso que la condición homosexual va tomando en el travestismo en carnaval, cada día son menos los hombres y cada vez son más las mujeres las que se "disfrazan de viudas". Marimoñitas  EMIL CASTELLANOS: MARIA MOÑITOS es un hombre vestido de mujer. En estricto sentido, está travestido. Sin embargo, ello no lo convierte en homosexual. La caracterización que Castellanos hacía en vida del comportamiento femenino como un conjunto de caricaturas relacionadas con la infidelidad, la búsqueda de marido y el apunte para "coger las dos bolas", hace que Emil estuviera  travestido pero María Moñitos lo convierte en "DISFRAZ".

Así es la Historia de este albañil de profesion, Es usual que los disfrazados recorran verbenas y reuniones, y en cada estación, se luzcan ofreciendo un poco de su talento o de su burla a cambio de unas monedas o unos billetes.

Emil Castellanos, el hombre detrás del disfraz.  Emil se fue hace casi 17 años, ‘María Moñitos’sigue viva, sigue bailando en Carnaval.
Persiste con mucha fuerza, también, en el recuerdo combinado de vecinos y parientes que extrañan la alegría de Emil cuando se volvía ‘Moñitos’, y las fiestas que se armaban en torno suyo en la calle 23 con carrera 18, barrio Las Nieves. Allí vivía él, y era la sede única de las cuatro horas que duraba su metamorfosis para convertirse en esa mujer coqueta de minifalda, con lacitos de colores en las trenzas del cabello crespo, ojos muy abiertos y labios en trompa.

Su principal cómplice, su apoyo, su guía en el largo proceso de transformación, era su mujer, Naudí Pedroza, con quien iba corrigiendo detalles, puntualizando, puliendo, hasta quedar plenamente satisfecho dentro de su vestido de colores. Podía tener arandelas o ser liso, con encajes, llevar estampados o lo que fuera. Lo importante era no quedar desligado del presente de la ciudad o a espaldas de la moda femenina del momento.

Los días de la metamorfosis eran los de mayor tensión para la familia, porque Emil se levantaba a las cinco de la madrugada y ponía a todo mundo en función de lo que se avecinaba. Para garantizar una buena dosis de entusiasmo, mandaba a comprar fritos, de los mejores, en un ventorrillo del barrio, y luego de un opíparo desayuno, comenzaba el ritual.

Después de los moñitos y el traje, que de antemano había encargado a una modista amiga, venía el maquillaje, que corría por cuenta de una vecina especialista. Castellanos era tan exigente con esa parte, que si al final no le gustaba, buscaba a otra persona para que le quedara tal como él lo quería, ni más ni menos, para tener una mínima garantía de durabilidad: él, ya convertido en ‘María Moñitos’, se encargaría de mantenerlo a salvo de la maicena, más popular en ese entonces que la actual espuma, cayéndole a trompadas al atrevido o al agresor que se atreviera a echarle. Para eso, servía la fuerza oculta de Emil.

En las fotos que ahora veo, sin embargo, está eternizado como ‘María Moñitos’. Las cámaras lo atrapaban, sin falta, en sus momentos más expresivos, porque ni los periodistas quedaban a salvo de sus coqueterías y atrevimientos. Lo que más bien hacía era aprovechar la presencia de las cámaras para sentarse en las piernas del primero que veía, y hasta besar a alguno en la mejilla de manera apasionada. Después, venían las carcajadas. “No tengo nada de homosexual. Yo lo que soy es un tronco de vivo y me gusta entusiasmar al público”, responderá cualquier otro día, con su apariencia de Emil Castellanos, ante las cámaras de un noticiero de televisión, sin dejar de hablar con los ojos de vez en cuando, como para poner en evidencia que ‘María Moñitos’ también participaba en la respuesta.

Aunque no desperdiciaba oportunidad para sacarle dinero a su disfraz, Emil Castellanos se concentraba en continuar siendo albañil más allá de las fiestas. También era pintor esporádico, plomero, electricista, y reparaba cualquier cosa que le pusieran como desafío. Era un esfuerzo tremendo, pero así como se esforzaba, al mismo tiempo era desprendido, amable, y benefactor espléndido hasta donde lo dejaba su pobreza, abriendo espacios a la ancianita extraviada o al niño triste en su casa, sin importar que viviera hacinado con su mujer y sus ocho hijos.

También era ese pescador ocasional que se iba para Bocas de Ceniza el 31 de diciembre huyendo de los tragos y abrazos de ese día, y evitando el jolgorio de su propio cumpleaños el primero de enero, porque la única felicidad que concebía era la que le proporcionaba el disfraz. Al regresar a Las Nieves, el 2 de enero, venía cargado de peces de todas las especies, y los compartía con sus vecinos.

Y asimismo cuando era Emil, se preocupaba por la seguridad de la cuadra y era el primero en golpear, con sus puños de roca, al ratero atrevido que se dejara capturar por la turba de vecinos. Mientras muestra la colección de fotos, Ruby recuerda, entre risas, que su padre acostumbraba a salir en la madrugada a la calle, apenas cubierto por una toalla a la cintura, y llegaba hasta la esquina para ‘atrapar ladrones’. De pronto eran los mismos que él visitaba ya convertido en ‘María Moñitos’ cada 24 de septiembre, Día de la Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos, y a los que terminaba dándoles regalos, comida, algún detalle, en vía contraria al propósito de su disfraz.

Lo del nombre de ‘María Moñitos’ no fue un bautizo propio. En realidad, el disfraz nació un poco distinto, cuando él tenía 17 años y acaba de prestar su servicio militar en el Ejército. Lo primero que se le ocurrió fue vestirse con prendas femeninas, ponerse una peluca, y caminar de fiesta en fiesta con una muñeca en los brazos, simulando ser una mujer engañada.

Al año siguiente, con la experiencia encima de haber perdido varias pelucas por cuenta de los traviesos que saboteaban su disfraz, se decidió por usar su propio cabello y llenarlo de los moñitos de colores que, en adelante, distinguieron al personaje y empujaron un bautizó del que no se tiene lugar ni fecha precisa. En cualquier caso, ese bautizo vino de alguna exclamación en una de esas apariciones repentinas suyas: “Ahí llegó la Moñitos”, se oyó decir, y el ‘María’ vendría a incorporarse con el correr del tiempo. En ese segundo año, cuando quedó escriturada la imagen que llevaría por siempre, Emil le imprimió al disfraz otro ingrediente: un supuesto talonario de apuestas permanentes con un número y un valor en dinero. A la víctima de turno, él le pedía que le apuntará las ‘bolas’ (en este caso, cifras), para no quedarse él con las ‘bolas’ (los testículos) de la víctima.

No era una amenaza para despreciar, porque las manos de Emil Castellanos, curtidas por muchos años de trabajo duro con cemento y piedras, eran agrestes y grandes, manos que al servicio de 'María Moñitos' eran muy hábiles para desplazarse, con velocidad de cobra, a las partes nobles del cliente.

Con el paso de los años, ya no tenía necesidad de amenazas, ni de liarse a golpes con el que, confundido por su apariencia, le hacía algún lance o le faltaba el respeto. Su sola presencia, con el bailoteo sensual, la postura repentina con las manos en jarra, manos sueltas con las palmas hacia fuera, labios disparados y ojos gigantes, daban para que el espontáneo le diera billetes, monedas, él los depositaba en cualquier parte de su disfraz: en la faja, en los falsos senos, en la cintura, y sólo se preocupaba por contarlo cuando se despojaba de la indumentaria en casa y el dinero salía de su escondite.

En esta ciudad, entonces, Emil vivió prácticamente toda su vida. Aquí mismo murió el 1 de septiembre del 2000, y hasta lo hizo en su ley, porque esa noche, la noche de su muerte, animó en una despedida de soltero, y por no quedar como descortés, aceptó un plato de comida que tenía de todo, y él era alérgico a los mariscos. Terminó ahogándose en una angustia de asma, llegó muerto a la Clínica del Caribe y se fue con sus moñitos a su tumba en medio de un cortejo muy parecido a un desfile de carnaval.

Pero ‘María Moñitos’ continuó, después de todo. La primera señal de que no se había ido la dio su propio hijo Jesús, de seis años, que lo encarnó en el Carnaval del 2001, seis meses después de la muerte de su padre. Jesús estaría en esas hasta los 11 años. Si no siguió, dice su hermana Ruby, fue porque el Bienestar Familiar le puso el ojo a la situación, sobre el supuesto erróneo de que el niño era explotado. En realidad, ya su hermana mayor, Analía, quien encontró un empleo antes de la muerte de su padre, se había encargado no sólo de Jesús, sino del resto de sus hermanos.

El disfraz, sin embargo, persistió. Lo hizo en el primer plano del rostro coqueto convertido en figuras de poliestireno. Lo hizo a cuerpo entero, también, con sus brazos en jarra y la minifalda, ya fuera en dibujo de camisetas, indumentaria de coreografía o publicidad de tarjeta prepago celular. Fue una multiplicación en figuras, en otras caras y los otros cuerpos –mujeres, hombres, niños- que se lanzaban a los desfiles a personificarlo.

Emil en su vieja casa, maquillado, vestido como mujer y con algunos moñitos en el cabello, sosteniendo, cerca de su rostro, un primer plano de su personaje, con el beso disparado y los ojos azules muy abiertos. Las dos ‘María Moñitos’ hacen el mismo gesto en una especie de coreografía perpetua: el rostro enmarcado en los lacitos de colores que empezaron siendo suyos, pero que se han ido multiplicando en la memoria creciente del Carnaval de Barranquilla.

Gracias Emil por tantas alegrias...

de Omarlorenzo

Tomado de:
http://narracionperiodistica.blogspot.com.co
http://www.galeon.com/caribeimaginario
http://www.carnavaldebarranquilla.org
https://issuu.com/diarioadncolombia/docs/caribe8febrero/2

domingo, 20 de noviembre de 2016

Con Willie Colón como productor, más relajado por no tener que cargar con una banda a cuestas, la realización de La Voz, que finalmente fue publicado en el 75, reunió los mejores ingredientes. La banda que participó en las sesiones de grabación estaba compuesta por el legendario Tom Malone y el brasileño José Rodrigues en los trombones, Milton Cardona en las congas, José Mangual Jr. en los bongós, Eddie guagua Rivera en el bajo y Nicky Marrero en los timbales. A este hatajo de maravillas, Héctor decidió añadirle dos trompetas (como homenaje al sonido de Arsenio Rodríguez y al que Eddie Palmieri se había abrazado seis años antes), y para eso llamó a Ray Maldonado y a Héctor bomberito Zarzuela. Para su primer disco, decidió también que estuviese en el piano ese trágico portento llamado Mark Dimond, que había tocado en el segundo y tercer discos de Willie y pudo haber llegado a codearse con Eddie Palmieri, sino fuese porque sucumbió a las malas mañas de las drogas y desapareció del mundo musical neoyorkino en 1976 para nunca más volver.


lunes, 26 de septiembre de 2016


LA RUTA HISTORICA DE MR BABALU.
Fue Miguelito Valdés un destacado embajador de la música afrocubana alrededor del mundo.

Su carisma y potente voz de tenor, resultaron ser sus atributos más distintivos. El ser

amigo de sus amigos y defensor de sus raíces lo mantuvieron relacionados con la Cuba

Tradicional de Arsenio Rodríguez y con la Cuba Negra de Chano Pozo. Mulato de origen,

dueño de la rumba de solar y del son tradicional, irrumpió con éxito en la escena

norteamericana a mediados de la década de los ’40 llevando toda su esencia a gran escala

internacional. Y es que Miguelito Valdés fue para el mundo de aquel entonces, sinónimo de

mezcla y de una simpatía singular. Su Babalú sigue sonando con un poderoso espíritu de

reclamo de la raza y con una energía mística que le valieron para que trascendiera en la

historia con este sobrenombre, Mr. Babalú.

Como si en la vieja Cuba faltaran los nombres, fue bautizado con cinco nombres: Miguel Angel Eugenio Lázaro Zacarías Izquierdo Valdés y Hernández, y registrado como nacido el 6 de septiembre de 1912 -algunos autores aseguran que su nacimiento se dio en 1910 y otros en 1916- en una humilde casa del Callejón de Velazco, ubicado en la calle Fundición entre Picota y San Isidro, en el populoso barrio Belén, en pleno corazón de La Habana Vieja.

EL DESPEJE.
Orquesta Casino de La Playa
 A su regreso a La Habana pronto fue llamado por el saxofonista Manolo Castro para que hiciese parte, como baterista y cantante, de la Orquesta de los Hermanos Castro, la primera big band de la isla, que se presentaba por esos días en el club privado del millonario Alfredo Homedo, una de las mejores del momento y muy apetecida en las sociedades blancas. Con los Hermanos Castro comenzó a imponer su estilo vocal singular de interpretar las canciones de tinte africano, o simplemente ‘‘afros”.

En junio de 1937, junto a seis integrantes de dicha orquesta que buscaban mejorar su status, ampliar repertorio y tener mejores arreglos, fundaron la Orquesta Casino de La Playa. Estaban a las puertas de provocar un ciclón musical en el Caribe. La orquesta, considerada por muchos como la más importante nacida en Cuba en todos los tiempos, estuvo integrada por Guillermo Pórtela (director y violín), Miguelito Valdés (vocalista, percusión, guitarra y administrador), Anselmo Sacasas (piano y arreglos), Walfredo de los Reyes -también cantaba- y Luis Rubio (trompetas), José M. Peña (trombón), Unési-mo González (contrabajo), Liduvino Pereira, A. Rodríguez y Alfredo Sáenz (saxofones) y Ernesto de la Vega (guitarra y maracas).

La orquesta, de músicos blancos y de carácter cooperativo, tomó el nombre del exclusivo lugar en la playa de Marianao que los contrató por 5 años a cambio de que adoptaran el nombre del Club. En el mismo mes, mientras se estaban organizando, seleccionando repertorio y en los primeros ensayos, exactamente el 17 de junio, grabó Miguelito con la Casino para la RCA Víctor sus primeros temas: “Bruca maniguá” y “Ben acá tomá” de Arsenio Rodríguez, "Cachita” de Rafael Hernández, “Taboga” de Ricardo Fábregas y “Dolor cobarde” del propio Miguelito, su primera composición registrada. Fueron muchas las grabaciones que se convirtieron en éxitos indiscutibles de todos los tiempos. Según Valdés “durante tres años grabábamos ocho temas cada dos semanas”. En realidad grabó con ellos 76 canciones según confirma la inmensa disco-grafía de la música cubana de Cristóbal Díaz Ayala, las últimas el 21 de octubre de 1940.

En ese mismo 1937 debutaron en la CMQ radio en el programa “El Show del Jabón Candado”. Entre grabaciones y presentaciones la fama de la orquesta se disparó. Visitaron en giras triunfales a Puerto Rico, República Dominicana. Venezuela, Curazao, Colombia -a Barranquilla y Cartagena llegaron en agosto de 1939 invitados por las Emisoras Unidas y Emisora Fuentes de ambas ciudades con presentaciones también en teatros y clubes-, para concluir en Panamá, desde donde regresaron a Cuba.

La fama y la consolidación de Miguelito como cantante de afros se acrecentaron cuando grabó en febrero de 1939 “Babalú" de Margarita Le-cuona. La grabación fue conocida en todos los rincones, hasta en Estados Unidos, eje de distribución de la RCA Víctor. En Nueva York fue popularizado por el cubano Desi Amaz en una versión edulcorada para los medios masivos norteamericanos y los clubes. Esta situación, y buscando mejores remuneraciones artísticas y económicas, motivó su deseo de abandonar la orquesta y partir hacia los Estados Unidos, aunado con su inquieta personalidad incapaz de no permanecer por mucho tiempo en un mismo sitio. El investigador Max Salazar aseguraba que su salida se debió al racismo imperante siendo él un mulato en una orquesta de blancos. Otros aseguran que fue por diferencias con el director Guillermo Pórtela y otros porque atendió una oferta que le hizo el hábil empresario y líder de orquesta Xavier Cugat en esos dias en La Habana.

EEUU
El 16 de mayo de 1940 salió para Fort Lee, New Jersey, contratado para unas presentaciones en el club Riviera, propiedad de Ben Marden. Dirigió la orquesta del club, pero por las regulaciones del sindicato de músicos norteamericanos, la temible American Federa-tion of Musicians, no pudo trabajar y se desplazó para Nueva York. Allí comenzó otra historia. En la Gran Metrópoli comenzó a trabajar con la orquesta Siboney de Alberto Iznaga donde otra vez se encontró con su amigo, el inmenso Machito. Dos semanas después fue contratado por Xavier Cugat y debutó con ellos el 12 de mayo en el Sert Room del Hotel Waldorf As-toria, cantando en las tardes en el Paramount Theater y en las noches en el Starlight Roof, del mismo hotel, presentando la Camel Ciga-rette Show Rumba Revue. El 27 de mayo empezó grabaciones con la orquesta de Cugat para la RCA Victor con los temas “Bien bien bien” de Chano fozo, “Macurije” de Juan Manuel Guerrero y las'eomposiciones propias “Rumba rumbero”, y “Nueva conga”. Después siguieron una cadena de éxitos con el catalán entre los cuales recordamos “La negra Leonó” de Ñico Saquito, “Anna Boroco Tinde” de Chano Pozo, “Ecó” de Gilberto Valdés, “Yo tá namorá” de Arsenio Rodríguez, “Los hijos de Buda” de Rafael Hernández, una nueva versión de “Babalú” y otros tantos más también popularizados antes con su voz con la Casino de la Playa.

En los últimos días de 1941, con Cugat, se trasladó a Hollywood para participar en la película “You were never lovelier” (en Latinoamérica se conoció como “Bailando nace el amor”), junto a Rita Hayworth y Fred Astaire. Su éxito con las grabaciones y presentaciones con la orquesta de Cugat, le ganó el apelativo de Mister. Babalú, con el cual fue reconocido en todos los círculos latinoamericanos y norteamericanos, incluyendo la Casa Blanca. Se dice insistentemente que este apodo se lo puso Harry S. Truman, presidente de la Unión entre 1945 y 1953, quien en una presentación benéfica como candidato presidencial, le pidió que cantara “Babalú”, su canción preferida, y durante toda la noche saludó al artista “Helio Mister Babalú”, También circula la versión de que el apelativo se lo puso
John F. Kennedy en un club de Nueva York a donde lo llevó Frank Sinatra, en los tiempos de candidato presidencial.


A MEXICO
Sin una orquesta propia en noviembre 1943 se trasladó a México y debutó en un espectáculo en el teatro Esperanza Iris junto a Agustín Lara, Tata Nacho, El trío Los Calaveras, María Victoria, Meche Barba y Tin Tan. Tuvo además presentaciones en el cabaret El Patio, en otros teatros y en radiodifusoras, especialmente en la XEW. Durante el tiempo que permaneció en México participó en doce películas, entre las cuales recordamos: “Esclavitud”, “Conga bar”, “Estampas habaneras” con Myrta Silva, Sergio Orta y Cecile Abreu; “Mi reino por un torero” y “Acapulqueña” con María Antonieta Pons; “Imprudencia", con los hermanos Femando y Andrés Soler, y “Nacido para amarte” con Ana Luisa Peluffo. igualmente, en varias temporadas en México realizó grabaciones con la Orquesta América, las orquestas de Mario Ruiz Armcngol, Luis González Pérez, Arturo Núñez. Rafael de Paz (a dúo con Margarita Romero), Francisco Fellové y el conjunto de Pablo Peregrino.

NUEVAMENTE A EEUU

En septiembre de 1944 lo encontramos viviendo en Los Angeles. En 1945 apareció en la película “Panamericana” y con el respaldo de la orquesta de Machito en “Night in the tropic-s”, junto a la actriz Betty Reilly. Pronto regresó a Nueva York y entre los trajines de tamas presentaciones y una gravísima afección a sus cuerdas vocales se quedó literalmente sin voz y
regresó a La Habana abatido, los medico* norteamericanos le dijeron que no volvería i cantar. En La Habana se repujo y regirle» ¿i cumplir con sus compromisos. En junio tic apareció cantando en las pantallas de las cines en la película Suspense*'» conocida entre nosotros como “Choque de pasiones**, de Frank Tul! le. En diciembre de 194é firmo con Musicvaft para unas grabaciones en La Habana, con un se\icio local donde estaba su amigo Chano Pozo, y en Nueva York, Aprovechó su permanencia en la isla para realizar presentaciones y grabaciones en la estación Mu Diez del Partido Socialista Popular, nombre que adoptó entonces el Pan ido Comunista.


Por fin organizó su propia orquesta, en agosto de 1948, para grabaciones con los sellos Veme y Coda-SMC de Gabriel OLLER. Con esta última grabó 22 temas, entre ellas una composición propia dedicada a Chano, y contó en las sesiones con los pianistas Rene Hernández. Eddie Cano y Al Escobar y con los percusionistas Ray “Little Ray” Romero, Carlos Vidal. Luis Miranda y Modesto Calderón. En otras grabaciones con su orquesta tuvo como saxofonisias a los jóvenes Stan Getz (tenor) y Gerr\ Mulligan (barítono) y a los trompetislas Al Stewan y Al Porcino. Los arreglos los hacían Eddie Sauter. Chico OTarrill. Pérez Prado y Rene Hernández. Grabó igualmente con los sellos Mono-gram, en 1950. y Tico, en 1953. ahora respaldado por la orquesta del pianista cubano Rene TouzeL

Realizó luego grabaciones para la RCA Víctor con la orquesta del arreglista cubano Chico OFarrill y con la del pianista puertorriqueño Noro Morales -en 1951- y en unas vacaciones en La Habana, también en 1951, grabó con la Sonora Matancera para la Seeco. entre ellos “Arroz con manteca”, “A pasarse un pollo** y el sabroso “Se formó el rumbón” Con su orquesta grabó para la MGM en 1952 y continuó con ella por varios años hasta que debido a las dificultades de manejar una gran artnies&a redujo la nómina y a mediados de los 50 la disolvió. Siguió con un pequeño combo, otras veces con el pianista boricua Luisito Benjamín y el bongoscro Ray Romero cumplía los diferentes compromisos.

Poco se menciona el Miguelito Valdés compositor, de su pluma salieron hermosos boleros como “Dolor cobarde”, “Loco de amor". "Letargo” y “Ya no alumbra tu estrella” Igual» mente compuso congas camavaleras para las comparsas habaneras como “Vienen regando flores” para Las Jardineras, "Los venecianos”

El adiós

La noche del jueves 9 de noviembre de 1978, se marchó de la vida cantando en pleno escenario del Salón Monserrate del Hotel Tequen-dama de Bogotá. Acompañado por la orquesta de Tomás de Santi cantaba un mosaico de canciones, que interrumpió pidiendo excusas antes de desplomarse víctima de un ataque cardíaco. Su cadáver fue cuidadosamente preparado en el Hospital Militar de la capital y, dos días después, enviado a la ciudad de Los Angeles donde residía con su segunda esposa Elyana, con quien tuvo dos hijos. Ingresaba así a los predios eternos Mr. Babalú compartiendo su sagrario de recuerdos y música con sus santos yorubas. No hemos hablado del Miguelito creador, del estilista. Para Díaz Ayala merece estos elogios: “...inició toda una nueva escuela de interpretación de lo afrocubano: no existe ni Cascarita, ni Benny Moré, ni Ismael Rivera, ni toda la constelación salsera, sin el antecedente de Miguelito. Es él quien convierte las inspiraciones del montuno en un amplísimo campo de experimentación, de creación, de goce ludico hasta entonces muy limitado”.


DOCUMENTO DE: SERGIO SANTANA
WEB DOCUMENTADAS:
https://worldwidecubanmusic.com/2015/03/26/miguelito-valdes-mr-babalu-grande-entre-los-grandes/

http://sonoramatancera.com/miguelito-valdes.html

DISFRUTENLO....

jueves, 4 de agosto de 2016

Album Salsa. Aunque la Orquesta Harlow no fuera precisamente una charanga. En ello influyeron dos de los números del disco: La Cartera, de Arsenio Rodríguez —que se convertiría a la larga en el mayor éxito disquero de Harlow—, y El Paso de Encarnación, original de Richard Egües, el excepcional flautista de la Orquesta Aragón. Para enfrentar estos dos temas, Harlow amoldó la estructura tradicional de su orquesta (par de trombones y par de trompetas más ritmo completo), a lo que es una de las características básicas de la orquestación de charanga: el uso de los violines. Harlow, así, mezcló ambas posibilidades: la orquesta de salsa y la orquesta de charanga. Para ello le sirvió de mucho la presencia del judío norteamericano Lewis Khan, trombonista regular de la orquesta, quien también era capaz de ejecutar el violín con sobrada facilidad. Aprovechando los beneficios de la electrónica, el sonido amplificado de un solo violín lograba dar la sensación de que habían varios, por lo menos los dos violines imprescindibles en cualquier charanga que se respete.. Además, es bueno destacar el virtuosismo de Khan, quien sin ninguna experiencia en el mundo de la charanga afincó inclusive en un par de solos que, sin mayor alarde, bien cumplen su objetivo. Con La Cartera y El Paso de Encarnación, el público salsoso, pues, comenzó a observar la posibilidad de los violines, aceptándolos definitivamente un par de años después con la definitiva reincorporación de la charanga.


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